La caída de un gigante: así se derrumbó el fútbol de Italia en una crisis de 20 años
- Luis Zamora

- hace 3 días
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Italia atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia futbolística. La renuncia de Paolo Maldini y Leonardo a la Federación Italiana de Fútbol, menos de 20 días después de asumir sus cargos, se convirtió en el último episodio de una crisis que comenzó tras conquistar el Mundial de 2006 y que, casi dos décadas después, sigue sin encontrar una solución.
En Punto de Partida realizamos un análisis en profundidad, con el fin de buscar razones, y evidenciar los orígenes de la catástrofe que vive el fútbol en una de sus capitales.
Capítulo 1: La cima del mundo
En julio de 2006, Italia alcanzó la cima del fútbol mundial. La Azzurra derrotó a Francia en la final disputada en Berlín y levantó su cuarta Copa del Mundo, una selección imparable, con Cannavaro como Balón de Oro y figuras jóvenes con la esperanza de dominar por años el panorama.

Pero el éxito no se limitaba a la selección. Durante los años noventa y los primeros años del siglo XXI, la Serie A era considerada la liga más poderosa del planeta. Milan, Juventus, Roma, Inter, Parma, Lazio, Napoli y Sampdoria dominaban las competiciones europeas y reunían a varias de las mayores estrellas del fútbol mundial.
El calcio era sinónimo de prestigio, competitividad y excelencia. Es imposible olvidar ese Milan que repitió finales de Champions en 2005 y 2007, que fue cuna de figuras campeonas del mundo para Brasil en 2002, como también para su propia conquista en 2006. Sin embargo, ese Mundial terminaría convirtiéndose, sin saberlo, en el último gran capítulo dorado del fútbol italiano.
Capítulo 2: El inicio de la debacle
Tras conquistar el mundo, Italia comenzó un descenso que pocos imaginaron. En 2006 todo era alegría con el Mundial, hasta que se destapó el "Calciopoli". Los clubes tuvieron que dejar ir figuras, inversiones millonarias y hasta puestos en Europa.
Los más grandes se vieron afectados, así como el arbitraje. Inclusive, la Juventus perdió su categoría, en lo que fue denominado como el día que murió el fútbol de Italia.
La nota no va de eso puntualmente, por lo que si quieren repasarlo al completo, les dejamos un video de YouTube :D
Sin embargo, tras el escándalo todo parecía ir bien, los clubes resurgieron pronto, figuras se mantenían en la liga y la selección tenía atestados para seguir peleando en lo más alto. Al menos eso se decía.
Llegó el Mundial de Sudáfrica 2010, Italia quedó eliminada en la fase de grupos como vigente campeona, un resultado que encendió las primeras alarmas.
Sin embargo, se vio como un accidente, debido a la reciente victoria en la final de la Champions del Inter contra el Bayern, y también la clasificación a la final de la Eurocopa 2012 donde cayeron ante España.

Cuatro años más tarde, en Brasil 2014, la historia volvió a repetirse con otra eliminación prematura. Mientras los resultados empeoraban, la Serie A también comenzaba a perder protagonismo frente a la Premier League, LaLiga y la Bundesliga. Todo esto acompañado del final de su generación dorada ganadora en Alemania 2006.
Una falta enorme de competitividad interna puso a la Juventus a ganar 9 ligas seguidas, todo porque grandes figuras dejaron de elegir Italia como destino. Esto no es una casualidad, responde a una mala gestión y distribución de fondos que obligó a los clubes a invertir menos en sus plantillas.
Juventus era protagonista a nivel mundial, pero la realidad es que Milan e Inter perdieron todo el protagonismo, ni hablar de los momentos de gloria de clubes como Lazio, Napoli o Roma.
Capítulo 4: Italia sin identidad
Si se habla de Italia a nivel fútbol casi todos tienen una estructura: un portero dominante, la mejor defensa posible, un mediocampo con control y garra, y un par de delanteros letales. Una fórmula que nunca falló y que los colocó en la élite.
Lo que pasa es que, cuando no se está consciente de sus virtudes, se corre el riesgo de perder el éxito.
Lo del portero no falló mucho que digamos, Donnarumma no era Buffon, pero al menos cumplía un buen rol. El problema es que, con la salida de Chiellini y Bonucci, dupla exitosa en clubes mas no tanto con la Azurra, dejaron de existir referentes en defensa, ni hablar de la lateral, donde se lleva improvisando desde 2010.

El medio del campo encontró estrellas intermitentes, Pirlo y Marchisio dijeron adiós, pero Verrati emergió como parche. Pero hay un problema acá, porque antes mencionamos la garra y aquí no encontramos nada similar a eso. Es una realidad, desde Gatusso eso murió para los italianos.
La delantera es todo un dilema. Balotelli, Immobile, Cerci, Zaza, Politano y Moise Kean, llegaron como sustitutos de Vieri, Del Piero, Luca Toni, Totti, Inzaghi, Di Natale, Quagliarella y Vialli. Un rotundo fracaso, si me preguntan.

En resumen: ¿Con qué nos topamos? Con una selección de Italia escasa de figuras, sin sus pilares de siempre en defensa, con pobre entrega y sin delanteros que marquen diferencia.
Todo esto atribuido a dos detalles puntuales: la debacle de la Serie A explicada anteriormente, y la poca exposición que lograron las figuras jóvenes en su propia liga, que les evitó escalar a clubes de élite.
Capítulo 4: La crisis sin fin
Golpes definitivos llegaron desde 2018. Italia perdió el repechaje frente a Suecia y quedó fuera de un Mundial por primera vez en seis décadas.
La conquista de la Eurocopa 2020, obtenida tras vencer a Inglaterra en Wembley, pareció anunciar una recuperación. Sin embargo, el título terminó siendo apenas un oasis.

En 2022 volvió a quedarse fuera de una Copa del Mundo tras caer frente a Macedonia del Norte en el repechaje, sus clubes dejaron de competir en Europa, se diluyeron las promesas, Chiesa por lesiones y Tonali por apuestas, mientras que el banquillo y la dirigencia parecían un supermercado.
Ahora, la Azzurra está metida en otro fracaso, la suma de todos los anteriores destapada en el 2026.

Tres mundiales al hilo sin Italia, toda una generación de jóvenes no sabe lo que es ver a una de las tres selecciones con más estrellas disputar una Copa del Mundo, no le tienen ningún respeto.
Terminó la eliminatoria, dimitió Gatusso como entrenador, y hasta el gobierno italiano pidió mano dura para reconstruir su fútbol.
Se nombró a Paolo Maldini y Leonardo como directores deportivos, propusieron a Guardiola y Ancelotti como salvadores. Aunque todo eso parecía divino en el papel, no calza, para nada, con los valores y la historia del fútbol aguerrido de Italia.
Problemas en ese proceso divorciaron un poco a Maldini, que ya había iniciado una reconstrucción en el Milan, misma a la que renunció luego de que la directiva decidiera quitarle potestad y tomar decisiones por su cuenta.
Luego propuso a Andrea Pirlo, mismo que no pudo llegar porque la Federación Italiana de Fútbol bloqueó su proceso gracias a un contrato con una publicidad de apuestas en Rusia.

En otro arrebato de lo que yo denomino como amor propio y a su país, Maldini decidió, de nuevo, renunciar a un proyecto que parecía no tener norte gracias a la inoperancia interna de sus líderes.
Capítulo 5: Realidades
La más cruda de las realidades es que, desde que el Inter conquistó la Champions League en 2010, ningún equipo italiano ha vuelto a levantar el máximo trofeo europeo. La Serie A no tiene estrellas, Italia no huele un Mundial desde 2014 y la directiva tiene una casa por construir, el problema es que no dejan a sus constructores comenzar a descubrir los cimientos sobre los que sustentar la obra.
Este mismo martes se nombró a Roberto Mancini como nuevo D.T., una apuesta cero arriesgada, clásica, y que ya consumó un fracaso contra Macedonia del Norte en 2022.



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