Zepol: La dinastía que cambió el voleibol en Costa Rica

De Sión-Otec a Zepol, Juan Acuña construyó una de las mayores dinastías del voleibol costarricense, con seis campeonatos consecutivos y un legado que trascendió los títulos.

Cuando Sión-Otec ganó el Campeonato Nacional de 1984 contra Calasanz, todo apuntaba a que el equipo mantendría la misma base. A final de cuentas, ¿para qué cambiar algo que funciona y es exitoso? La generación de talentos era constante, los refuerzos de Juan Acuña daban resultados y el auge colegial de los últimos años coincidía con el fin del dominio absoluto de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Pero en realidad ocurrió exactamente lo contrario, porque el año en que el Colegio Sión consiguió su primer título también fue el último bajo ese nombre. Por un lado, la agencia de viajes Otec atravesó problemas económicos y puso fin al patrocinio. Mientras que la ruptura con el colegio requiere algo más de explicación:
Juan Acuña era contador de profesión, por lo que su vínculo con el Sión se limitaba a dirigir los equipos Juvenil y de Primera División. Muchas de las jugadoras, formadas en la institución, ya se habían graduado. Mientras que Gerardo Esquivel, principal nexo entre las partes, dejó de ser profesor de educación física del colegio en 1984 para dedicarse de lleno a la Asociación Costarricense de Voleibol (Ascovol). Sin esos lazos, la separación fue inevitable, y las campeonas nacionales tuvieron que buscar una nueva identidad.
Fue entonces cuando apareció Zepol, una empresa con la que Juan Acuña tenía contacto gracias a su faceta de contador. El nuevo patrocinio resultó incluso más sólido y permitió no solo mantener al equipo, sino reforzarlo en los años venideros. ¿Y el gimnasio? Durante varios años el equipo pudo catalogarse de nómada para disputar sus partidos, pero sí había un hogar fijo para entrenar: Plaza Víquez.
ZEPOL TOMA EL RELEVO
Si hubo alguna afectación en el rendimiento tras el cambio de Sión-Otec a Zepol, la verdad es que se notó poco en la cancha. Para 1985, el equipo repitió el título, esta vez contra la UCR en un duelo que enfrentó a los mejores equipos de dos generaciones: el que estaba por cerrar su ciclo y el que estaba a punto de dominar la escena nacional.
Pero la jerarquía universitaria tampoco iba a morir tan fácilmente. Con jugadoras legendarias como Ana Cristina Ulloa y Harlet Channer, pero sobre todo con cuatro refuerzos provenientes de los Juegos Deportivos Nacionales (JDN) de Zapote, liderados por Tatiana Salazar, la UCR encontró el impulso necesario para ganar en 1986. Con remontada incluida, después de caer ante Zepol en la cuadrangular de segunda fase y en el primer partido de la final. Fue el último título del equipo femenino más ganador en la historia del voleibol costarricense.
Zepol, sin embargo, tuvo su revancha apenas un año después. Para 1987, el equipo completó un programa de entrenamiento con Carlos Campos, preparador físico del Club Sport Herediano y, según reconoció Juan Acuña, buscó un juego más rápido que no dependiera tanto de Rose Mary Chavarría y Azucena Villarreal.
Esa intención, sumada al retiro de Mary Ann Webb, dio mayor protagonismo a Elena González, Karla Castaño, Amanda Villarreal, Dinorah Aguilar, Eileen Flores y Yorleni Alfaro, todas jugadoras de renombre y seleccionadas nacionales.
El resultado fue inmejorable. Zepol dominó de principio a fin el Campeonato Nacional, perdió solo dos de sus 28 partidos de primera fase, fue líder durante todas las jornadas y venció sin sobresaltos a UCR y Atenas. En la cuadrangular tampoco fue diferente, por lo que se proclamaron campeonas sin necesidad de una Final Nacional.
El cierre, eso sí, resultó agridulce, con una derrota ante la UCR luego de conseguir los dos sets que amarraron el título matemáticamente.
Para 1988 hubo dos salidas importantes: la colocadora Beatriz Rodríguez, quien se fue a estudiar a Francia (actualmente es profesora del idioma), y la atacante Elena González, quien se trasladó a Estados Unidos. Para suplirlas estaban las jugadoras mencionadas anteriormente, así como la armadora Leticia Pérez, incorporada en 1986 luego de múltiples campeonatos con UCR y Calasanz.
Zepol mantuvo su dominio como líder de la primera fase, pero Atenas las sorprendió en la cuadrangular y forzó una Final Nacional. Tatiana Salazar volvía a ser la figura del equipo rival, ahora con una nueva camiseta, mientras que el enfrentamiento en los banquillos también reflejaba la influencia de Juan Acuña: enfrente tendría a Francisco Polanco, otrora su “hijo del voleibol”.
La final, además, tuvo que esperar. El huracán Joan obligó a retrasar los partidos para que el Gimnasio Nacional hiciera de refugio para las personas evacuadas de la zona atlántica. Los resultados más recientes parecían apuntar a un cambio de guardia, pero las “ungüenteras” acabaron por celebrar una vez más. La introducción de Nancy Chacón, con apenas 15 años, provocó un cambio de posición para Karla Castaño, quien junto a Rose Mary Chavarría y Leticia Pérez lideraron a Zepol al bicampeonato.
EL CLÁSICO DE LA ZETA
“Zapote era un equipo a vencer, como Saprissa vs la Liga. Era como sal en la herida, había que pelear hasta el último momento” - Rose Mary Chavarría.
En 1989, Édgar Alvarado y su esposa, Ligia Díaz, decidieron invertir en el voleibol. Lo hicieron en Zapote, donde fundaron una empresa de muebles que existe hasta la fecha. El respaldo económico les permitió reunir a varias de las mejores jugadoras del país, principalmente desde UCR y Calasanz. Así llegaron al equipo Tatiana Salazar, Davoni Lewis, Silvia Arce e Irene Valerio, además de Carmen y Xinia Alvarado, hijas de don Édgar y jugadoras históricas por sí mismas.
Desde entonces se creó una especie de duopolio que dejó al resto prácticamente sin opciones. Era el duelo que cualquier seguidor del voleibol esperaba con ansias. Una rivalidad que cambió el panorama nacional. Un enfrentamiento que Zepol ganó cuatro años seguidos.
La primera batalla tuvo un giro inesperado. Zapote cambió de entrenador (de Francisco Polanco a Luis Castro) nada más comenzar la cuadrangular final. El movimiento desajustó al equipo en el corto plazo y favoreció el triunfo “zepolino”, quienes a su vez tuvieron que sobreponerse a la salida repentina de Karla Castaño rumbo a Panamá.
“Surgió el amor, entonces me vine para Panamá en 1989 después de que participé del NORCECA en Costa Rica, ya casi en la final del Campeonato Nacional. No le dije a Juan que venía para acá y tuvo que jugar sin mí. Se puso resentido conmigo, hasta me dejó de hablar un tiempo”, recuerda entre risas Castaño, quien todavía permanece ligada al voleibol canalero como formadora y entrenadora.
En 1990 la balanza se igualó aún más con las incorporaciones de Harlet Channer y Marta Montero a Zapote, mientras Zepol afrontó la ausencia de Azucena Villarreal por embarazo. Pero las campeonas también sumaron talento con Dunia Biasetti, además de jóvenes como Marianela Zamora, Yensy Casanova y Olga Mena, que impulsaron al equipo a un nuevo título al ganar tanto la primera fase como la cuadrangular.
“Como jugaba de lateral me tocaba al frente de la famosa colocadora (Xinia Alvarado), que era la peor rival de todas nosotras. Empezó a haber mucha rivalidad. Con UCR o Atenas éramos muy amigas de Selección, pero con ellas era un ambiente diferente”, describe Dinorah Aguilar sobre aquellos enfrentamientos.
En 1991 la historia se repitió en el Torneo de Copa, con Zepol imponiéndose en el “Clásico de la Zeta”. No obstante, el Campeonato Nacional deparó lo impensable: la UCR, después de cambiar de entrenador antes de la fase final, eliminó a Zapote con un convincente 2 a 0 y se clasificó a la final. De esta manera, la serie por el título se repitió cuatro años después, y Zepol no desaprovechó la oportunidad para conquistar un inédito pentacampeonato nacional.
EL CAMBIO DE GUARDIA
Y así llegamos a 1992, el año en que la historia empezó a cambiar. Azucena y Amanda Villarreal se fueron a jugar con Zapote, dos movimientos que inclinaron la balanza hacia el otro lado. También se fue Olga Mena, rumbo hacia Europa.
“Estaba estudiando en la UNA, pero miraba que no avanzaba en mis estudios y le dije a Juan que Zapote me había ofrecido dinero para estar en la UACA. Édgar Alvarado llegó a mi oficina, me ofreció jugar con Zapote y que me pagaban los estudios. Imaginate un ofrecimiento así… Después Édgar me preguntó si Azucena estaría interesada, entonces conecté también a mi hermana. Nos fuimos juntas”, explica Amanda sobre aquel traspaso.
“Me pasé por financiamiento. En Zepol me daban los pases y eso, pero en Zapote ya me daban ayuda económica. Es muy feo decirlo, pero creo que sí fue un cambio relevante. Braulio Godínez fue el entrenador que me pidió a mí, el que empezó a hacer campeón a Zapote”, complementa Azucena.
Sin embargo, pese a esos movimientos, la realidad es que Zepol se mantuvo al frente durante 1992. La rivalidad, eso sí, alcanzó cotas mayores. Braulio Godínez no se guardó nada tras perder la final del Torneo de Copa en su primer año en el banquillo de Zapote.
“Es mentira que Zepol es un equipo inexperto, es la base de la Selección desde hace mucho tiempo. Nos han querido vender la idea de que es un grupo de novatas y no es cierto. Han querido menospreciar a nuestro equipo diciendo que Amanda y Azucena Villarreal son Zapote. Eso también presiona a estas dos muchachas, pero lo vamos a superar. Juan no nos sorprendió en nada; jugó con Ios errores de nosotros".
Acuña tampoco tuvo reparos en responder: "Les podemos dar todo el equipo, pero mientras no nos lleven a nosotros, los del cuerpo técnico, seguiremos ganándoles en trabajo. Esto es ejemplo de que no gana el que compra jugadoras, sino el que invierte en liga menor".
Como cabía esperar, ambos equipos volvieron a encontrarse en la Final Nacional, con el mismo resultado: victoria de Zepol en un gimnasio del Liceo Rodrigo Facio a reventar. La prensa lo definió como un triunfo del conjunto sobre las individualidades, y con eso, el equipo zepolino alcanzó un histórico hexacampeonato.
Sin embargo, aquella sería la última vez que Zepol celebró un Campeonato Nacional. La balanza, como se mencionó anteriormente, terminó de inclinarse en 1993. En su segundo año al frente de Zapote, Braulio Godínez consiguió frenar la racha del conjunto “ungüentero”, un resultado que repetiría en las siguientes tres finales, la última de ellas en contra de Hitachi en lugar de Zepol, tras un nuevo cambio de patrocinador impulsado por Acuña.
Sería el último vínculo comercial propiamente en el nombre del equipo, ya que en 1999 pasó a ser San José, una de las asociaciones de voleibol más exitosas del país en la actualidad. Las josefinas son, en buena medida, el reflejo del trabajo de Juan Acuña durante décadas: desde el comienzo de esta historia en 1978 con el Colegio Sión hasta la actualidad, incluso después del lamentable fallecimiento de Acuña en 2022 por una enfermedad.
“Esa hegemonía que representó Zepol fue muy importante porque elevó el nivel medio de los equipos. Antes se trabajó con selecciones o la UCR, pero muy limitado a la parte estudiantil. Zepol abrió el parámetro de los patrocinadores, que hacen muchísima falta. Durante años no tuvo competencia hasta que apareció Zapote, y eso hizo sacar jugadoras de muchas zonas como Limón o Guanacaste. De eso que inició Zepol y continuó Zapote, hizo que pudiéramos llegar a los procesos de Selección luego del año 2000. Es importante que se retomen esos patrocinios, sobre todo ahora con tantas jugadoras fuera del país”, recuerda Godínez.
En fin, si tu mayor rival deportivo te dedica estas palabras, es porque hiciste muy bien las cosas durante toda una vida.
Punto de Partida agradece a Rose Mary Chavarría, Azucena Villarreal, Amanda Villarreal, Dinorah Aguilar, Karla Castaño, Ana Eugenia Gil, Gerardo Esquivel, Mauricio Prado, Braulio Godínez & Francisco Polanco por sus aportes.



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